Un largo día de nada, la misma historia que ayer y la misma que mañana. Una pasiva rutina llamada vacaciones que le permitía relajarse antes de volver a la asfixiante rutina del trabajo y los estudios, pero una llamada y aquella noche ahora prometía el regalo de unas risas y una sonrisa. Su chaqueta negra, su top rojo, una licra negra y botas a juego para luego salir. Una invitación al local de un amigo, ella y media docena mas cuya mera presencia hacia mas cálido el lugar.
Algunas bebidas, una comida y una película después y ya se hayaba a s misma adormilada en el suelo, junto a otros que en la tenue luz de la pantalla apenas podía reconocer. No le presto mayor atención y se relajo, dejándose llevar por el satisfactorio cansancio de una noche a la cual miraría en momentos mas excasos de compañía y en necesidad de tener un motivo para sonreir.
Y entonces paso, ahi, entre sus amigos y cubierta por una mantita y el velo de la oscuridad, una mano agarraba su trasero.
En un inicio el roce había sido casual, un toque inevitable cuando estas acostada entre tanta gente, para poco a poco volverse un tímido e intencionado movimiento que recorría paulatinamente sus piernas. El roce del dorso de una mano, que subía por su pierna a medida que ganaba más confianza en la firmeza con la que palpaba sus muslos. Ella se movió y la mano se retiró de inmediato, pero la sensación del contacto aún la inquietaban, una marca tibia sobre su piel que su mente se negaba a olvidar.
Y antes de que la sensación abandonara su memoria, ahí estaba otra vez justo donde lo había dejado. Agarrando nalga con una quietud y firmeza que parecía la vanguardia de una carga bestial que estaba aun por empezar, que ella a un podía detener.
Probablemente bastaría con alzar un poco la voz, decir que dejara de moverse pues no la dejaba dormir. Eso bastaría, incluso le daría una excusa a quien estuviera haciéndolo para justificarse, pero algo la detenia.
La situación era demasiado nueva y la había tomado por sorpresa, el murmulló del miedo estaba en la orilla de su mente, pero había algo mas. Entre aquellas sabanas y bajo una oscuridad segadora, ella probo un dulce pensamiento. El anonimato.
Quien lo hacia? Y su mente recorrió los rostros de sus amigos y amigas ahí presentes, de su novio que la había acompañado, y entonces, como si leyera su mente la mano apretó nuevamente estremeciendo la.
Podía ser su novio, pero y si no? Si la habían tocado a ella pensando que era alguien más? El tacto de la mano se convirtió en el roce de un dedo que se movía entre sus dos nalgas y deteniéndose para apretarlas.
Los rostros de sus amigos desaparecían lentamente mientras sus pensamientos abandonaban el inutil intento de descubrir quien era y se centraban en recordar cada paso de aquella mano sobre su licra. Pronto, mas pronto de lo que ella podía esperar, la mano abandono su trasero y volvió a sus piernas, recorrondolas por delante, subiendo, en búsqueda de la fuente de placer entre sus piernas. Ella se movió, no pudo evitarlo, la mano se detuvo, pero no se retiro, estaba entre sus muslo a solo centímetros de sentir el calor de su sexo, los segundls se extendían en minutos hasta que al fin la mano retomó la carga y como una lanza el calido roce atravezo desde su pelvis por su vientre hasta sus labios y encayo en su mente, una oleada de sensaciónes que se acentuaba con cada movimiento que hacia entorno a su clítoris, lo podía sentir, a través de su licra y sus pantis y por un segundo deseo no tener ninguna barrera entre ella y el placer del calor humano.
Por un breve momento toda sensación desapareció, y su cuerpo se sentía como un desierto abrasado por el calor, expectante por el recuerdo de la lluvia, y pronto llovio. Pudo sentir un cuerpo acercándose al suyo la cercanía del aliento a su oreja y nuevamente la deliciosa sensación de las manos sobre su humedecida entre pierna, pero ahora había compañía. Un segundo batallón ahora marchaba sobe su vientre, ya no sobre la tela, directamente en su piel, arrasando con fervor con sus nervios mientras avanzaban, al ritmo de los dedos que danzaban hundiéndose en su sexo, hasta que al fin pudo sentirlos sobre sus pechos.
Sus pezones erectos eran la cima de una montaña conquistada una declaración de aceptación silenciosa que fue aprovechada de inmediato. La mano se deslizo por entre su licra, sus pantys y rozo con inquietud los excasos bellos de su sexo, la palma abierta sintiéndola en toda su extensión, deslizándose en la laguna de placer de su coño. Dos dedos frotaron los labios y los separaron, una y otra vez, se detuvo y empezó a frotar. La extensión de su sexo, al mismo ritmo que la otra mano apretaba con descaro su seno, jugueteando con su peson, tirando con mas y mas fuerza hasta que los dedos de aquel extraño entraron dentro de ella. El mundo parecía derretirse mientras se habrían paso en su inferior una sensación de llenura y exposición que sólo lograba tentarla en desear mas, ofreciéndole lo suficiente pero sin satisfacerla.
Entonces, otra pausa, el desquiciante recuerdo del tacto y entonces la sensación de aquellas manos intentando desnudarla y una automática resistencia. Una pausa, larga y expectante. Ambos sabían lo que pasaba, ella estaba despierta y no permitiría ir mas haya, pero el palpitante calor entre sus piernas la apremiante lujuria que inundaba su mente solo le permitirian resistirse hasta cierto punto, pero para la suerte de su dignidad las manos se detuvieron y en su lugar el duro y ardiente miembro del desconocido empezó a frotarse en su trasero.
No había duda que era un hombre, pero cual? La pregunta se hizo irrelevante con aumento del contacto y el roce, que aunque segramente satisfacian mas a aquel a ella solo la hacian añorar el no haberse negado a aquel extraño. No podía aguantar mas y con su propia mano tomo el pene palpitante y lo puso entre sus piernas, sobre su licra y contra su sexo, disfrutando del calor a través de la tela. Como un perro entrenado el empezó a hacer su parte, moviéndose y estimulando su clotoris. La manos pronto retomaron su lugar entre su pechos, como las fauces de una bestia devoraban su carne, en un movimiento que la acercaba mas a esa linea del placer absoluto pero sin llegar nunca a empujarla a ese oasis del éxtasis. Hasta que al fin, con un ultimo movimiento y sintiendo el calor de la semilla de el esparciéndose sobre sus muslos, ella estalló en un contenido clímax que hizo temblar su mundo.
Unos minutos de quietud, ahora el sonido que la rodeaba era el de la respiración agitada del extraño.
Se levantó y fue al baño, observo la blanca evidencia que se extendía en sus piernas y luego la elimino. Al regresar se aseguró de acostarse entre sus amigas.