El cristal empañado del taxi le forzaba a devolverse
a si mismo la mirada, a través de los edificios y las personas cuyas vidas se extendían
más allá de un suspiro en la fría noche de noviembre. El taxi se detuvo y las
pesadas letras brillaban como la aureola de un ángel que intenta ocultar la
oscuridad.
- 12000 -
Pago al taxista y salió
de la cabina, el mundo estaba borroso, como si lo estuviera mirando por el
rabillo del ojos, como si sus ojos estuvieran en una búsqueda desesperada.
Intento respirar, pero cuando se percató de ello se encontraba corriendo por
los pasillos hundido en un mar de luz fluorescente que le ahogaba en su propia desesperación.
- Vuelo 125 a España -
Dijo a la primera persona que estuvo al alcance de su mano, para su mala suerte
era otro viajero que le miro con extrañeza. Pidió disculpas, y por un momento
vio su aliento y a través de el los rizos negros con los que se tejían las fantasías.
- ¡NOELIA! - Creyo gritar, pero se hayo petrificado, el corazón
retumbaba en su pecho y se sentía ahogado, el mundo estaba borroso, la búsqueda
desesperada continuaba.
- Vuelo 125 de las 9 pm
con destino a España ¿Dónde esta? - La suerte le dedico su afilada sonrisa y
pudo sentir la herida jamás abierta en sus muñecas pero sangrante en su mente.
- Son las 9:30 señor,
ya ha -
- ¿¡DONDE ESTA!? - Su
grito llamo la atención de seguridad, la rabia había abierto su garganta y la
lluvia empezaba a arder en sus mejillas.
- Señor, cálmese, por
favor - La encargada lucia preocupada, y el se hallaba mirando sin mirar, con
los ojos hundidos en el oscuro y desinteresado tono de los de ella, viéndolos sin
verlos, sufriéndolos sin sufrirlos.
- Donde está, por favor
-
La divina providencia abrió
el camino, puerto 4, su visión estaba borrosa, como mirando sin mirar el borrón
luminoso que era el mundo, de estar en su mano le habría ahorcado hasta convertirlo
en un puñado de polvo olvidado. No sabía si hablaba del mundo o su reflejo
olvidado en la cabina del taxi, de repente sintió la necesidad de agarrarse y
apretar con fuerza, pero los ángeles brillaban “puerto 4” alejando la
oscuridad.
Un traspié, el sabor
platino inundo su boca, el sonido de la sorpresa y una risa distante. En su
pecho herviría el odio al mundo si en el no hubiera un volcán de desesperación apunto
de arrasar con su mundo. Sus dedos se pasaron pos sus labios y vio la sangre, saboreo
sus labios, los beso sin besarlos, y su mente floto al recordar las finas líneas
rojas que deseaba y que tuvo sin tenerlas.
Trastabillo, subió los
3 escalones que le habían robado su primer beso y llego hasta la puerta,
sellada y solitaria. El ángel “puerto 4” se apagó y la oscuridad lleno el
lugar. Movió el mundo hasta que la ventana se postro ante el y la vio, su piel
blanca como la nieve que nunca conoció, su mirada fina y sus labios de hilos
rojos, estaba quieta, fría, se le antojaba tan cálida como una fogata en el
invierno, se le antojaba como el agua en el desierto. Ella sonreía sin sonreír,
el devolvió el gesto torpemente y pudo sentir el mundo apagarse ante su propia
ignorancia. Tuvo el deseo de ahorcarse ahí mismo. Sus risos le atraparon, deseo
hundirse en su pelo y probar su esencia, conocerla. El mundo estaba borroso y
camino guiado por el recuerdo fantástico que era tan irreal que debía ser real.
Su corazón golpeo su pecho, sus dedos rozaron su piel sin tocarla, sus ojos la
miraron sin tenerla enfrente.
El chico cayó al suelo abrazándose,
el mundo estaba borroso y la lluvia ardía en sus mejillas, hervida por el calor
en su pecho que amenazaba con reducirlo a una pila de cenizas de recuerdos
olvidados.
- Bésame - Susurro su
ahogada garganta, en un tono tan bajo que las palabras ni siquiera llegaron a
existir realmente pero sus oídos las escucharon tan fuerte que le ensordecían con
el cariño que el deseaba profesarle. Froto sus ojos, sus ojos veían, pero el
mundo seguía borroso.
- Bésame, Noelia - Su garganta
se desgarro al pronunciar su nombre, moría desangrado y aun así nunca se había sentido
más vivo. Miro sin mirar el reflejo en el espejo y miro a un hombre que no era
hombre y murió sin morir, para vivir sin vivir. Solo existía el peso en su
pecho que ahogaba sus palabras y con el todo lo que lo hacía humano, murió sin
morir y vivió sin vivir, así como la vio sin verla, así como la conoció sin
conocerla y así como deseo amarla sin amarla.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario